Pegging: Ella penetra

By On mayo 24, 2010 Under morbosos

Cambio de roles sexuales, pegging, bend over boyfriend… con todos estos calificativos se conoce a una práctica que cada vez más parejas de heterosexuales se animan a experimentar.

Muchas mujeres lo han pensado al menos una vez a lo largo de su vida, de hecho para algunas es la respuesta sistemática cuando su pareja les propone practicar sexo anal: “ok, lo hacemos pero si luego me dejas hacerte lo mismo”.

Esto para muchos hombres significa lo mismo que no, pero ¿qué pasaría si respondemos “de acuerdo”? Lo más probable es que el miedo y la excitación la invada, por la respuesta inesperada, por ver si de veras tienes el valor de probar, por la posibilidad de penetrarte, etc.

De este modo, el uso de arnés ha salido del armario y ya no sólo es un asunto de lesbianas. El pegging (traducido sería algo así como estacar o en versión extrema empalar) consiste en la penetración por parte de la mujer a su pareja (hombre), con una prótesis, dildo o arnés sexual. Es una práctica cada vez más habitual que le da a la mujer el rol de dominación, quedando el hombre en una total postura de sumisión.

Muchas de las parejas van juntas al sexshop para elegir modelo del juguete que servirá para darle placer a ambos y jugar aunque sea por un rato, con el cambio de roles. Ellos suelen elegir el grosor. Ellas, el color del juguetito. Dicen que suelen salir muy contentos y frotándose las manos por la experiencia que les espera.

Seguramente muchos de los hombres que estén leyendo este artículo, verán esta práctica casi como aberrante y por nada del mundo aceptarían “jugar este juego” y esto debido a la cultura machista reinante y por temor a ser juzgados como homosexuales. Pero en un mundo donde la igualdad de la mujer y el hombre en el trabajo está superada, donde él hace las tareas de la casa al 50% y los dos cambian los pañales al bebé, ¿va a haber algún problema porque ella sea la que tome el papel activo de una relación sexual? Es cierto que muchos hombres no se han quitado la venda de hace 50 años, la que exigía que el hombre es un macho y el sexo se practica “única y exclusivamente” asumiendo él el papel activo. Pero las cosas ya no son lo que eran.

Lo cierto es que, como toda práctica innovadora, sólo persigue el objetivo de salir de la rutina, vivir nuevas experiencias sexuales y, por qué no también, enriquecer la vida sexual y de pareja. En el caso de la mujer, la satisfacción sexual puede darse a través de la penetración, si se está utilizando un arnés doble, es decir mientras penetra a su pareja, es penetrada a su vez, por el juguete sexual, o por una satisfacción psicológica, por el sólo hecho de penetrar y satisfacer a su hombre.

El placer para el hombre es directo, por un lado viéndose en un situación desconocida, dominado por una mujer y sintiendo como se le dilata el esfínter, como le penetra el dildo y como éste percute una y otra vez en su próstata estimulándolo más y más. Una sensación única la de correrse mientras estamos siendo penetrados, notamos como el esfínter aprieta al dildo y como el pene se hincha más de lo normal para acabar estallando en un orgasmo incomparable.

Hay una gran variedad de arneses sexuales disponibles en el mercado, los más comunes son con cinturón, pero también existe un modelo sin cinturón, que cuenta con un extremo para introducir en la vagina, y de este modo poder penetrar. También los hay con varias velocidades e intensidades.

Los heterosexuales que lo han probado (y no han tenido ningún tapujo en confesarlo) coinciden en que el placer es infinito. Tal vez se dejan arrastrar por la satisfacción que sienten cuando ella se hacer cargo de la parte activa de la relación: estimularlo, acariciarlo, excitarlo y penetrarlo. A ellas, sólo pensar en la idea, les pone a cien. Ellos, los que aceptan el juego, acaban a cien también.

Los expertos insisten en que el mayor lastre que se arrastra todavía es que el hombre heterosexual no puede (porque no lo concibe) recibir sexo. “Eso es cosa de maricones”, pensará más de uno sin saber lo equivocados que están y la fuente de orgasmos que se pierden. Si el bando hetero se quitara la careta de que es sucio o de gays, más de una pareja disfrutaría mucho más de lo que lo hace. “El sexo anal por lo general tiene muy mala prensa, pero más por el desconocimiento que existe”, insisten los especialistas.

El pegging, si bien no es para cualquiera ya que requiere de una gran apertura mental, es una buena alternativa si lo que buscas son nuevas experiencias en la cama. Si se practica correctamente, puede ser totalmente sana y agradable, si se hace bien. Obviamente es una zona delicada y que requiere de un trato especial. Empezando por una buena higiene y armados con un buen lubricante podemos adentrarnos sin miedo en el pegging. Hay que ir despacio, ya que se trata de dilatar una zona muscular que no está acostumbrada a ello, por esto es imprescindible una buena comunicación y tomarlo con calma, sin prisas, poco a poco.

No hace falta pasar directamente al dildo, mejor empezar con los dedos: medio dedo, un dedo, dos, etc. Cuando alcancemos cierta flexibilidad muscular y el morbo nos pida más, no hay que pensarlo dos veces, simplemente aplicar bastante lubricante y disfrutar.

Cada hombre es diferente y en ningún momento debéis enfadaros si la cosa va despacio o si a vuestra pareja no termina de gustarle, hay hombres que lo disfrutan y hombres que les hace sentir humillado o que simplemente no obtienen placer. De lo que se trata es de experimentar, si gusta genial, si no pues nada, a otra cosa.

Fuente: educasexo.com, elconfidencial.com, lujurio.comPegging: Ella penetra Pegging: Ella penetra Pegging: Ella penetra

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